ARQUEOLOGÍA
ÉPOCA MEDIEVAL
EL ORIGEN: COMPLUTUM ROMANO Y ESPLENDOR EN EL SIGLO IV
 

Complutum es una ciudad hispanorromana, que se remonta al mundo indígena y se construye (en sustitución de un emplazamiento anterior) en el siglo I d.C. La ciudad se emplazó junto a la confluencia de dos ríos, el Henares y el Camarmilla, a una distancia de unos 2 Km. del actual Alcalá de Henares. Conoció un importante desarrollo en el siglo IV d.C., y en la Antigüedad tardía cuenta con un obispado propio. En este momento, entre los siglos V y VII, surgió un polo de atracción urbana en los suburbios de la ciudad: al este de la misma se ubica un martyrium, un pequeño edificio relacionado con los sepulcros de dos mártires cristianos. Existen varias referencias literarias para este hecho: se apunta el descubrimiento de sus tumbas por Asturio, obispo de Toledo que, a raíz de esto, pasa a serlo de Complutum (mediante mecanismos totalmente desconocidos). También sabemos que Paulino de Aquitania, uno de los hombres mas influyentes del Imperio Romano en torno al año 400 d.C., reside en Complutum y entierra a su hijo Celso, muerto poco después de nacer, junto a las tumbas de unos mártires cristianos. Poco después, un inventario de mártires cristianos, escrito por el poeta Aurelio Prudencio Clemente, ya menciona el nombre de los propietarios de las tumbas:

“….Justo y Pastor de Complutum…”.

Este hecho es especialmente significativo, pues la ciudad hispano visigoda tiene en los mártires y obispos a su principal fuente de poder, y en numerosas ciudades europeas, como Génova, Tréveris, Valencia o Mérida, es habitual que estos pequeños edificios de culto para honrar al mártir deriven en basílicas, y que alrededor suyo se construya la residencia episcopal y otros relevantes edificios. En Complutum / Alcalá, en todo caso, este núcleo de culto cristiano extramuros, que, no lo olvidemos, sigue conviviendo con el antiguo asentamiento complutense, tendrá el especial interés de que en el siglo XII aglutinará en torno suyo la población que se instala tras la llamada Reconquista, después del periodo hispanomusulmán.


EL PRIMER ALCALÁ MEDIEVAL: ALCALÁ LA VIEJA
 

[Santaver] es una ciudad de antigua fundación, construida por los Issban. Se encuentra al noreste de Córdoba y posee numerosos castillos, entre los que se cuentan los de Uclés, Huete y al-Qal’a. Este último es un gran castillo inaccesible que conserva todavía trazas de su pasado, una de las cuales es un pozo situado en la parte alta del lugar al que se accede por dos escaleras, una para entrar y otra para salir; las puertas de este castillo están horadadas en la roca.

Descripción Anónima de Al Andalus, II, 49. Trad. Luis Molina

La llegada de los musulmanes en el 711 supuso un cambio drástico en la ocupación de la comarca. Complutum es entonces el único núcleo urbano de la actual región de Madrid, y debió pasar a manos de Tariq y Muza entre 719 y 720. Sin embargo, hasta mediados del siglo IX no se documenta la construcción de una nueva ciudad, edificada para unas nuevas necesidades: durante el emirato de Córdoba, y en tiempos de Muhammad I, los conquistadores construyen una serie de fortalezas (además de Alcalá, hay que mencionar Madrid, Calatalifa, Guadalajara, Talamanca y Paracuellos) que constituyen el sistema defensivo de la Marca Media, que protege a Toledo de las incursiones cristianas del Reino astur. La función de Alcalá, desde ahora, será militar, aunque es preciso recordar que la producción agropecuaria seguiría siendo la base económica de la población, tal y como ocurre en todas las sociedades preindustriales. De hecho, las referencias literarias de época medieval alabarán frecuentemente la bonanza de la vega del Henares, dando lugar a topónimos como el del Campo Laudable.

Así se construye Qala`at Abd-al-Salam, principal nombre con que se la conocía en época musulmana. El lugar elegido para el emplazamiento de la ciudad está a dos kilómetros de la actual y a cinco kilómetros del antiguo Complutum, y esta vez se elige un cerro de 630 m de altitud. Una ubicación que no tiene que ver con el azar, sino con el paso de una ruta que enlaza Zaragoza con Mérida a través de Toledo, y cuyo control es preciso asegurar.

Por desgracia, el yacimiento es aún poco conocido. Entre 1982 y 1987 se desarrollaron algunas excavaciones arqueológicas que han permitido definir la cronología: después de la fundación del siglo IX, existen distintas reformas del siglo X y de época cristiana. Respecto al recinto amurallado, se trata de un alcázar con nueve torreones y una torre albarrana que protege la entrada principal. En su interior se conserva un interesante sistema de aljibes, y hay que contar con la aparición de baños y una mezquita, que aún no han sido localizados. Alrededor del alcázar, una necrópolis y arrabales en donde residiría la población.

Existen varias referencias literarias referidas a Alcalá musulmana, tanto de autores árabes como cristianos. Significativamente, casi todas inciden en acontecimientos bélicos: expediciones, batallas y razzias de 920, 1009, 1062, e incluso una referencia en el Mio Cid. Unos siglos en que la ciudad desarrolla claves vitales de carácter fronterizo, siendo esta la función estratégica que justifica su existencia.

LA CIUDAD CRISTIANA
 

Evidentemente, la toma de Alcalá por los ejércitos castellanos se relaciona de forma íntima con la de Toledo. Sin embargo, existen serias dudas sobre la fecha precisa: Toledo cae en 1085, pero desde este año hasta 1118 se desconoce si la fortaleza está en manos de alcaides cristianos o musulmanes tributarios del rey de Castilla. En cualquier caso en 1118 se produce la conquista definitiva por obra del entonces arzobispo de Toledo, Bernardo de Sedirac, a quien una bula de 1099 ya había concedido la sede episcopal de Alcalá, sufragánea de la toledana. Una dependencia de Alcalá respecto a Toledo que se mantendrá en lo sucesivo.

Tras la definitiva conquista cristiana de la Alcalá musulmana y superadas las primeras necesidades defensivas, la población irá asentándose en el valle, volviendo al lugar donde la tradición situaba el martirio de los Santos Niños Justo y Pastor, y donde otrora se emplazaba el martyrium y el centro de culto en su honor. Este lugar se identifica en la actualidad con el espacio ocupado por la Iglesia Magistral, y ya la bula de 1099 de Urbano II recoge la existencia de una parroquia dedicada a los dos mártires. De hecho, es muy probable que entre el siglo VIII y el XI se mantuviese una población mozárabe en este punto.

En 1135 el arzobispo D. Raimundo concede fuero a Alcalá, tendiendo a favorecer la repoblación con distintas ventajas. Como resultado de ello, y de otras medidas que fomentaban el desarrollo de la población, como el fuero de 1253 de Sancho I, la concesión de los Estudios Generales (antecedente de la ciudad universitaria que planificará Cisneros a finales del siglo XV) en 1293, etc. , la ciudad creció con tres micro sociedades totalmente integradas y localizadas en distintos puntos de la villa: los cristianos en torno a la Iglesia de los Santos Niños (hoy Catedral), los judíos, dedicados preferentemente al comercio, en torno a la Calle Mayor, y los musulmanes, artesanos y agricultores, al norte de esta, aunque los límites no serían rígidos ni infranqueables.

Este esquema funciona hasta el deterioro de las relaciones de los cristianos con las dos comunidades políticamente mas débiles, los judíos y los musulmanes, situación que se empieza a desarrollar a lo largo del siglo XIV y culmina a finales del XV, con su expulsión del Reino. Con todo, desde este equilibrio se potencia una intensa actividad donde, a la riqueza agropecuaria de la comarca, se unirán otros sectores económicos de carácter comercial y artesanal: la producción cerámica, localizada en el extremo norte de la ciudad, en torno a la Calle Santiago, y principalmente en manos musulmanas; la industria textil y los curtidores, que compiten con la fuerte industria toledana y segoviana, y que se sitúan en la calle Tenerías; la construcción, etc…

Con respecto a la configuración material de la Alcalá medieval, es preciso decir que el casco histórico actual fosiliza los principales elementos de aquella época. En los últimos años, además, la Arqueología está permitiendo precisar aún mas la realidad material de aquellos tiempos.

La nueva ciudad que los cristianos fomentan, primero con el nombre de San Yuste, o Burgo de San Justo (el nombre de Alcalá de Henares no aparece en la documentación antes de 1257) elige como núcleo la zona en que se ubicó el martyrium de época tardoantigua. Aquí surgirán los dos edificios mas significativos de la ciudad hasta la época renacentista: el castillo de los arzobispos (luego transformado en un palacio renacentista, el llamado Palacio Arzobispal) y la Iglesia de San Justo, hoy catedral. Esta elección tiene un doble origen: por un lado, el significado ideológico, recuperando un espacio cristianizado con unos mártires que, en los siglos V al VIIII, respaldaron la calidad de la ciudad. Por otro, las razones estratégicas: la actual topografía de Alcalá, que es plana, sobre todo por las impactantes actuaciones de Carrillo y Cisneros a finales del siglo XV, oculta una serie de vaguadas que dejarían al actual solar del Palacio Arzobispal como un pequeño cerrete, aislado por un foso natural, en una ubicación idónea para aquello que fue en origen: una fortaleza.

El Palacio Arzobispal es uno de los edificios mas singulares de la Alcalá medieval. Las excavaciones de 1992 proporcionaron datos del mayor interés, permitiendo documentar restos de lo que sería una fortaleza de los siglos XIII – XIV.

La muralla es uno de los elementos mas significativos de la ciudad, sobre todo gracias a su buen estado de conservación en algunos puntos. Sin embargo, es preciso advertir que la mayor parte de los lienzos y torres que aún se conservan no se corresponden con la muralla de la ciudad, sino con la del Palacio Arzobispal, que se imbrica en el cuarto noroeste del actual casco histórico. Además, estas han conocido numerosas restauraciones desde su construcción el siglo XIII hasta la actualidad, y no todas han sido respetuosas con el original. En concreto, la Puerta de Burgos, en la esquina nordeste del recinto del Palacio, es uno de los torreones que se mantiene mas fiel a su aspecto medieval.

Durante los primeros años del siglo XIII, la ya consolidada villa se amuralla, estando flanqueada por una serie de puertas situadas en el trazado de las principales arterias que la cruzaban. El desarrollo económico basado fundamentalmente en el comercio, continuará durante todo el siglo XIV, creciendo al mismo tiempo la población y edificándose, de esta forma, extramuros del recinto. Progresivamente, la arteria principal, la Calle Mayor, adquiere un gran protagonismo, sin duda relacionado con su coincidencia con la vía que enlaza Toledo y Madrid con Guadalajara y Zaragoza. La Calle Mayor, muy alterada en épocas posteriores, pues es la arteria mas vital de la ciudad, se mantiene todavía fiel a su estructura medieval: en tiempos, desembocaba por la Puerta de Guadalajara en un coso donde se celebraba el mercado. En la reforma del siglo XV, con la ampliación de la muralla, este descampado pasa a convertirse en espacio urbano, y rápidamente en Plaza, hoy de Cervantes.

Mediado el siglo XV, el arzobispo Alonso Carrillo de Acuña, posiblemente recordando los devastadores efectos del reciente ataque navarro de Juan I contra la villa de Alcalá que en esos momentos estaba débilmente amurallada (1445), manda fortificarla sólidamente en previsión de futuros asaltos.

Es de suponer que además, dispuso trazar el perímetro de las murallas para limitar los avances del caserío con la finalidad de estructurar ordenadamente el núcleo urbano siguiendo un sentido semejante a los esquemas preconizados por los humanistas que habían introducido sus ideas en la corte Juan II. De esta forma la construcción respondería tanto a una cuestión defensiva como a un control ciudadano.

Pocos son los datos documentales y arqueológicos que tenemos sobre los dos recintos amurallados de Alcalá de Henares. Algunos autores como Portilla, García Fernández o Castillo, consideran el inicio de la construcción del segundo recinto hacia 1454: se conserva el lienzo Norte y parte del Oeste del primero y se amplía la muralla hacia el Sur y el Este. Podemos situar el lienzo de la segunda muralla por el lado Sur de la ciudad coincidiendo con la línea de casas al norte de la calle Pescadería, entre la medianería de la calle Portilla y la de Pescadería, aproximadamente.

Aunque la fecha del comienzo de los trabajos no es totalmente segura (las fechas propuestas varían en 3 ó 4 años) sabemos con toda certeza que en 1460 Alcalá ya estaba fortificada por la segunda muralla en su totalidad, constituyendo un núcleo militar y estratégico importante en uno de los turbulentos momentos del reinado de Felipe IV que llevó al país casi a la guerra civil:

" se quiso conquistar la villa sin conseguirlo"

Crónica de Enrique IV, I p. 119. Ed. Palencia.

En Alcalá como en el resto de las villas medievales amuralladas la afirmación defensiva exige el mantenimiento en buen estado y la reparación cuando sea necesario del símbolo material que le da nombre: la muralla con sus torres y sus puertas. Cuando éstas dejaron de tener su carácter defensivo (siglo XVI) se llega al progresivo abandono, deterioro e incluso desmonte de la segunda cerca de Alcalá (aunque fue durante la segunda mitad del siglo XVIII, bajo el arzobispado del cardenal Lorenzana, cuando realmente comienza el desmonte sistemático).

La única documentación gráfica que encontramos sobre su trazado es un grabado de 1565, obra de Van Wyngaerde, donde se ve con bastante fiabilidad y precisión la Alcalá de esos momentos y donde aparece la muralla completa, aunque seriamente deteriorada en algunos puntos.

En todo caso, las recientes excavaciones arqueológicas desarrolladas en las zonas sur, oeste y norte de la ciudad han permitido una precisa documentación de la tapia del segundo recinto, especialmente bien conservada en el actual Palacio de los Casado y en el Convento de las Juanas (al norte), en la Puerta de Madrid (al oeste) y en la Ronda de Pescadería (al sur), y que responde, aparentemente en toda su extensión, a unos mismos criterios:

El lienzo corresponde a la tipología de tapia monolítica mejorada y de juntas reforzadas, donde pueden distinguirse varias unidades:

· La preparación del cimiento, que consiste en una tongada de piedras irregulares y de pequeño tamaño (no superan los 5 cm), compactadas con un mortero de cal.
· La cimentación propiamente dicha: un murete de 100 cm de altura, construido de sillarejos que alternan con mampostería careada, preferentemente de piedra caliza, pero que también recurre a la arenisca. Se disponen en tres hiladas. La cimentación se remata con dos hiladas de ladrillo, que sirve a la par como aislante para la superestructura de tierra y como nivel para alinear las tongadas superiores.
· El zócalo: dispuesto sobre la hilada de ladrillos que remata la cimentación, técnicamente se resuelve igual que esta.
· El alzado se resuelve por medio de una tapia de tierra mejorada (esto es, que incluye pequeños fragmentos de piedra, nunca superiores a los 5 cm), cuyos bloques tienen las juntas reforzadas curvas (brencas).
· El revestimiento: originalmente toda la estructura debió estar revestida por garantizar su mantenimiento mediante un mortero de cal.

Respecto al lienzo, es preciso destacar su clasificación dentro de la arquitectura tradicional de la región, empleada desde época carpetana hasta la actualidad.

También conocemos un cubo, localizado en la Ronda de Pescadería, y que se resuelve mediante la técnica constructiva descrita, solo que abundando en la sillería de la cimentación.

En general, son características que situarían esta muralla, en su época, dentro de una construcción pública de calidad.

La muralla contaba en esta época con diez puertas principales: San Bernardo, Judíos y Santiago, al norte; Aguadores y Guadalajara, o Mártires, al este; al sur, Puerta Nueva, Puerta de San Julián y Puerta del Vado; al oeste, Santa Ana y Madrid.

Pero además de esto, existían otras poternas destinadas a facilitar el tránsito. En concreto, la Arqueología ha permitido de nuevo, en el solar actualmente ocupado por el Palacio de los Casado, documentar un conjunto de fuente y la poterna, en la intersección entre un lienzo y la torre. La poterna se ha conservado hasta hoy como paso, flanqueada por una fuente de piedra. Este pequeño conjunto conoció un intento de “monumentalización” probablemente en época renacentista o mas bien barroca, realizándose un contenedor de piedra cubierta con bóveda para la fuente, todo ello con sillares de piedra, y un frontón de ladrillo para el conjunto. Esta conjunción de fuente y puerta de acceso a la ciudad es característica del urbanismo romano, y se hereda en el medieval. El portillo o poterna sería un paso más para entrar o salir de la parte cristiana de la ciudad a finales del s. XV o s. XVI, permitiendo el acceso desde la zona extramuros, donde ya se empezaba a constituir una barriada cristiana (que se observa perfectamente en el grabado de Wyngaerde de 1565), y que se sumaría a las puertas principales que tenemos documentadas, en concreto emplazándose entre la de los Judíos (también de Santiago) y la de Guadalajara (también de Mártires).

Respecto a la arquitectura privada, procede que nos detengamos en algunas edificaciones que documentan un tipo de vivienda que, ya en el siglo XVI, va a derivar en la casa de tipo rústico – palaciega. En realidad heredera de la vivienda tradicional mediterránea, se trata de una casa que gira en torno a un patio central, porticado con columnas de piedra o pies derechos de madera. Con cierta frecuencia, estos patios albergan pavimentos empedrados, a veces formando motivos geométricos, como el de tradición gótica de ca. 1500 hallado bajo el Convento de La Madre de Dios, actual sede del Museo Arqueológico regional. Siguiendo esta tipología se encuentran buenos ejemplos en el actual casco histórico: la Casa de Diego de Torres (algo mas tardía, del siglo XVI / XVII), actualmente sede de la Cámara de Comercio de Madrid, o el Hospital de los Antezana, muestra de otra arquitectura, las fundaciones y hospitales benéficos, que desde el siglo XIII se ubican en la ciudad.